6 de mayo Madrid

Clase grabada

Texto

Yo tengo un rostro, o sería más exacto decir que yo soy un rostro.
Con la cara efectuamos la más cotidiana de las metonimias: tomamos una parte por el todo, es
decir, la cara por la persona. En mi documento de identidad aparece una foto: ésa soy yo; en el espejo
ovalado del baño aparece una cara: ésa soy yo. Se supone que tengo un cuerpo completo, una espalda,
una maquinaria de órganos, pero eso es superfluo; se supone que tengo una biografía, una retahíla de
actos y omisiones que han ido formando mi lugar en el mundo, pero esto también es un añadido: la de la
foto, la del espejo ovalado soy yo. El rostro me representa, me guste o no.
Y es que la persona en su integridad –eso que antes se decía en cuerpo y alma– se concentra o se
contrae en la cara. Actuamos como si ahí estuviera condensado, abreviado, sugerido todo lo que somos,
desde nuestra irrepetible individualidad hasta nuestra pertenencia a algún conjunto de seres; a la especie
humana, en último término. Así que más te vale llevarte bien con tu cara, aceptarla, decir: “Sí, éste soy
yo”, o bien “Esto es lo que soy”. No tendrás más remedio que adaptarte a ella, apechugar, claudicar,
reconocerte, como te reconocen todos los demás. (Belén Altuna, Una historia moral del rostro, 2010)

Estructura

El texto se compone de tres párrafos. En el primer párrafo, la autora parte de una afirmación personal que genera reflexión: “Yo tengo un rostro, o sería más exacto decir que yo soy un rostro”, lo que actúa como introducción a la tesis del texto: la cara representa simbólicamente a la persona. A través de ejemplos cotidianos como la foto del DNI o el reflejo en el espejo, se plantea la identificación del individuo con su rostro. En el segundo párrafo, se desarrolla el cuerpo argumentativo, donde se expone que el rostro condensa la identidad individual y colectiva, y se refuerza la idea de que la cara actúa como resumen visual de lo que somos. Finalmente, en el tercer párrafo se concluye la reflexión con un consejo directo al lector: asumir y reconciliarse con su rostro, aceptando lo que este representa ante los demás.

Por tanto, el texto presenta una estructura encuadrada, ya que se enuncia la tesis desde el inicio y esta se desarrolla y refuerza a lo largo del texto, para retomarse en forma de conclusión práctica al final.

PÁRRAFO 5: RASGOS LINGÜÍSTICOS Y ESTILÍSTICOS MÁS RELEVANTES

El texto de Belén Altuna presenta una serie de rasgos lingüísticos y estilísticos que refuerzan su carácter reflexivo y su intención de provocar una respuesta crítica y emocional en el lector.

Desde el plano morfosintáctico, destaca el uso predominante de la primera persona del singular (“yo tengo”, “se supone que tengo”, “me representa”), que denota una implicación subjetiva y personal del emisor, en un tono confesional que acerca al lector. Esta elección, sin embargo, se equilibra con un uso más general en el segundo párrafo, donde la autora emplea un “nosotros” implícito o genérico (“actuamos como si…”, “más te vale…”) que interpela colectivamente y universaliza su reflexión. También encontramos la alternancia de modo indicativo, con valor asertivo, y algunas formas imperativas o exhortativas (“aceptarla”, “apéchugar”), que refuerzan la apelación al lector.

La modalidad oracional alterna entre la enunciativa declarativa, característica de la exposición de ideas, y la exhortativa, sobre todo en el cierre del texto, que tiene un matiz casi irónico o resignado. La sintaxis combina oraciones simples con otras compuestas de estructura compleja, que permiten matizar y profundizar en el análisis de la identidad y el rostro. Hay también uso de aposiciones y estructuras parentéticas que aportan precisión y ritmo expresivo.

En el plano léxico-semántico, predominan los sustantivos abstractos (“identidad”, “representación”, “individualidad”) y verbos de percepción o existencia (“aparece”, “soy”, “se supone”), acordes con la introspección que propone el texto. La adjetivación es escasa pero significativa, y aporta una carga valorativa (“superfluo”, “cotidiana”, “ovalado”), reforzando el tono subjetivo. El uso del léxico coloquial o informal, como “apechugar” o “claudicar”, da un giro estilístico irónico que equilibra la profundidad conceptual con un tono cercano y casi humorístico.

Desde el punto de vista textual, se emplean mecanismos de cohesión como la anáfora léxica (“la de la foto, la del espejo ovalado soy yo”) y la repetición estructural (“ésta soy yo”, “esto es lo que soy”), que refuerzan la unidad temática y la progresión de ideas. El uso de la figura retórica de la metonimia (“yo soy un rostro”) es central en el texto, y funciona como eje conceptual, al tiempo que confiere al texto un componente estético y poético, reforzando la función poética de la lengua.

En conjunto, estos elementos configuran un estilo ensayístico y literario, que aúna la precisión conceptual con la subjetividad expresiva, y consigue, mediante recursos retóricos, provocar reflexión y conexión emocional con el lector.

Texto del vídeo (dieta mediterránea)

El texto se compone de cuatro párrafos. En el primero, el autor desmonta el mito de la existencia histórica de la dieta mediterránea, presentándola como una invención reciente. Esta idea se introduce a través de una afirmación que contradice el discurso común, lo que permite captar la atención del lector desde el inicio.

En el segundo párrafo se desarrollan los efectos de la transformación alimentaria en España, señalando la desaparición del cocinero tradicional y la sustitución de la cocina casera por productos precocinados y de baja calidad nutricional. El tercer párrafo incorpora una reflexión crítica sobre los hábitos actuales, marcando una clara oposición entre la falta de tiempo para cocinar y el uso excesivo del ocio pasivo, como ver series, y señalando las consecuencias negativas de esa alimentación deficiente.

El cuarto párrafo constituye una breve conclusión de tono nostálgico y exhortativo. El autor apela a la memoria emocional (los platos de la abuela) y remata con una defensa de una alimentación más consciente, sostenible y vinculada a lo local. Por tanto, el texto presenta una estructura deductiva: parte de una tesis clara y provocadora que se va desarrollando con argumentos y ejemplos hasta cerrar con una conclusión que refuerza la idea inicial.