TEXTO 1: Tragedia en Melilla
Autor: Xavier Vidal-Folch, El País, 5/12/2022
Debemos llegar al fondo del drama del 24 de junio en la valla de Melilla. De las responsabilidades, políticas y operativas, jurídicas y morales, externas y propias. Al menos 23 inmigrantes muertos y más de 70 desaparecidos lo reclaman. Más allá del asunto sobre el suelo donde cayesen los cadáveres, España, o sea, los españoles, somos al menos colaboradores necesarios, cómplices objetivos o facilitadores involuntarios del desastre humanitario. Es un asunto del ministro Marlaska, claro, pero también nuestro. De todos y cada uno.
Lo de Melilla se repetirá. Conviene aclarar lo sucedido para que se actúe de manera más efectiva, equipada, proporcionada y humanitaria. Eso no se improvisa. Hay que planificar, negociar, acordar prevención y respuesta, métodos y planes.
Pero incluso aunque el próximo susto sea menos brutal, volverá. Porque el nudo del drama no es meramente fronterizo: eso es lo urgente, la llamarada que prende en noticia. Porque es un enclave imposible. Por muchos factores: el decisivo es geográfico. La valla es el único embudo terrestre de Europa con África. La esclusa donde se aprietan todos los problemas de un continente, su hambre, su éxodo, su desespero.
Por eso el enfoque securitario es insuficiente. Tras la ola de refugiados de 2015 en el Mediterráneo oriental, la Unión fortaleció su vigilancia en fronteras (agencia Frontex). Buscó externalizar el control de los flujos mediante la cooperación internacional con los países de origen (como los subsaharianos) y con los de tránsito (como los magrebíes), una pauta que España había ensayado bien en los años Zapatero-Rubalcaba. Llevamos tiempo, bastantes fracasos y algún resultado.
Pero hasta ayer (Atraer capacidades y talento, Comisión Europea, abril de 2022) los europeos apenas hemos tomado en serio el fomento efectivo de la emigración legal frente a la ilegal, nos bastaba la retórica del desarrollo endógeno, versión vacía. La ecuación es simple. África exporta parados y hambrientos. Europa necesita trabajadores: al menos 50 millones de aquí a 2070. El déficit de titulados de FP dejará sin cubrir 92.500 empleos en España para 2030 (Caixabank-Dualiza, diciembre 2022).
Las recetas legales de esa estrategia están bien tiradas: aligerar trámites y costes del viaje, facilitar la residencia. Pero por encima de lo jurídico falta una pieza clave. ¿Por qué no fundar talleres y centros de FP consorciados con Marruecos, Níger, Senegal o Etiopía… en sus territorios? Hay dinero en el presupuesto europeo (Instrumento de vecindad, Fondo de asilo) disponible para ello. Falta un plan de acción. Proyectos concretos.
PÁRRAFO 5: RASGOS LINGÜÍSTICOS Y ESTILÍSTICOS MÁS RELEVANTES
En el plano morfosintáctico, el autor emplea mayoritariamente la tercera persona, lo que le permite mantener una perspectiva objetiva y distante, aunque introduce con fuerza la primera persona del plural (“somos”, “llevamos”, “nosotros”), con el fin de implicar al lector y asumir colectivamente la responsabilidad moral y política del drama. Esta alternancia evidencia una estrategia retórica eficaz: informar desde un punto de vista analítico, pero apelando a la conciencia colectiva.
El texto presenta una modalidad oracional enunciativa, combinada con el uso estratégico de interrogativas retóricas (“¿Por qué no fundar talleres…?”) que refuerzan el carácter persuasivo del discurso. La sintaxis es compleja, con abundancia de oraciones compuestas, subordinadas y estructuras explicativas entre paréntesis, lo que contribuye a la densidad argumentativa y a la precisión conceptual. Aparecen también perífrasis modales que introducen obligación y necesidad (“hay que planificar”, “conviene aclarar”), en consonancia con el tono exhortativo del artículo.
En el plano léxico, predominan los sustantivos abstractos (responsabilidad, drama, tragedia, prevención, cooperación, inmigración, déficit…) que remiten a conceptos políticos, sociales y éticos, así como un léxico valorativo que refleja una posición crítica y comprometida: se habla de “tragedia”, “desastre humanitario”, “susto”, “enclave imposible”, “plan de acción” o “versión vacía”, lo que acentúa la carga ideológica del texto. El autor recurre también a expresiones que apuntan a la ironía o la crítica indirecta (“versión vacía”, “nos bastaba la retórica del desarrollo…”), lo que refuerza su intención evaluativa y expresiva.
A nivel semántico, observamos campos asociativos relacionados con la migración, la política exterior, el trabajo y la educación: “frontera”, “inmigrantes”, “control de flujos”, “formación profesional”, “cooperación internacional”, “presupuesto europeo”… Esta selección léxica apoya el enfoque técnico y analítico del texto, sin dejar de lado una dimensión ética y social.
Desde el punto de vista textual, el artículo está muy bien cohesionado gracias a una red de conectores que organizan el contenido con claridad y progresión lógica: “por eso”, “más allá”, “porque”, “pero incluso”, “hasta ayer”, “por encima de lo jurídico”, “hay dinero”, “falta un plan”… Estos marcadores ayudan a guiar la lectura y marcan el desarrollo argumentativo progresivo del autor. También se observan anáforas léxicas como la repetición deliberada de “la valla”, “el drama”, “la tragedia”, que cohesionan el discurso y refuerzan los ejes temáticos principales.
En definitiva, el autor emplea una combinación de lenguaje periodístico culto y preciso, estructura sintáctica elaborada, léxico técnico-político y figuras retóricas discretas, para construir un texto de claro carácter expositivo-argumentativo que busca tanto informar como generar conciencia crítica en el lector.
Texto 2. Activismo destructivo y notoriedad
Fermín Bocos, Atlántico Diario, 27/10/2022
El pasado es prólogo. Hace más de mil años, en el año 356 a.C., un tipo llamado Erostrato le pegó fuego al templo de la diosa Artemisa en Éfeso. El incendio destruyó completamente el edificio y, cuando le preguntaron por qué lo había hecho, aquel cretino respondió que para que su nombre fuera recordado por los siglos. Aquella acción insensata que privó a las generaciones futuras de una obra que en su tiempo fue considerada una de las Siete Maravillas de la Antigüedad acabó dando nombre —«erostratismo»— a quienes padecen esa pulsión narcisista elevada a su máxima expresión.
A una escala afortunadamente menor, en los últimos días hemos asistido a varios episodios marcados por ese mismo trastorno. Con el pretexto de convertir el acto en una llamada de atención sobre el cambio climático y sus consecuencias, primero en Londres y después en Berlín, dos parejas de activistas han atacado sendos cuadros —un Van Gogh y un Manet—, lanzando un bote de sopa y puré de patata contra las pinturas, al tiempo que proclamaban pueriles mensajes ecologistas. Afortunadamente, los lienzos estaban protegidos por un cristal, por lo que no han sufrido deterioro.
En ambos casos la noticia ha dado la vuelta al mundo, abriendo ediciones de informativos y portadas de periódicos. Era, sin duda, el objetivo de quienes han perpetrado semejantes acciones que tienen precedentes con consecuencias muy graves como aconteció hace años cuando un desequilibrado atacó a martillazos La Pietà, obra cumbre de Miguel Ángel.
Hechos extravagantes como estos provocan un fenómeno de emulación. La aparición de la noticia en los medios estimula la ideación de actuaciones parecidas. De ahí la pertinencia de abrir un debate acerca del alcance y presencia que debería darse a este tipo de noticias. No es fácil resolver la cuestión. Por lo singular de las obras de arte elegidas para montar el numerito reivindicativo, como noticia, no se le puede hurtar al público, pero de ahí a abrir debates —como están haciendo algunos medios— para tratar de explicar, cuando no justificar, estos actos, media un trecho. Tengo para mí que quizá sea un exceso de celo hacer sitio a esta clase de actuaciones que están diseñadas para conseguir que se hable de sus autores a costa de atentar contra alguna obra de arte. Pongámonos en lo peor si llegan a ponerse de moda.
PÁRRAFO 5: RASGOS LINGÜÍSTICOS Y ESTILÍSTICOS MÁS RELEVANTES
En el plano morfosintáctico, el autor emplea principalmente la tercera persona del singular, lo que aporta objetividad al discurso. No obstante, la primera persona (“tengo para mí…”) aparece puntualmente para introducir una opinión personal y dar un tono más subjetivo a la conclusión. El modo verbal predominante es el indicativo, lo que refuerza la intención de exponer hechos concretos y razonamientos sólidos. La modalidad oracional dominante es enunciativa, aunque se incluyen oraciones interrogativas retóricas (“¿por qué lo había hecho?”) que buscan implicar al lector, introducir la reflexión y conectar con la función apelativa del lenguaje. La sintaxis es clara, con predominio de oraciones compuestas bien estructuradas, lo que favorece la exposición ordenada de las ideas.
En cuanto a los aspectos léxicos y semánticos, destaca el uso de léxico valorativo y expresivo, especialmente cuando se refiere a los activistas (“cretino”, “pueriles mensajes ecologistas”, “numerito reivindicativo”), lo que evidencia la postura crítica del autor. El campo semántico de la destrucción artística y la notoriedad mediática se manifiesta a través de términos como “atacar”, “incendio”, “desequilibrado”, “prestigio”, “notoriedad” o “reivindicativo”. También se emplean recursos como la metáfora implícita (“numerito reivindicativo”) o la ironía sutil, como cuando afirma que los activistas “proclamaban pueriles mensajes ecologistas”.
Desde el punto de vista textual, el autor emplea conectores discursivos que articulan con claridad la exposición (“como es natural”, “en ambos casos”, “de ahí la pertinencia…”, “por lo singular…”), lo que refuerza la cohesión y favorece la progresión argumentativa. La referencia histórica inicial y la anécdota de Erostrato actúan como argumento de autoridad cultural, y permite contextualizar y reforzar su tesis mediante un paralelismo histórico.
En conjunto, el estilo del autor es cuidado y eficaz: se combina una argumentación racional con un tono expresivo crítico, que pretende alertar sobre los peligros de una tendencia contemporánea, a la vez que invita a la reflexión mediante recursos literarios puntuales. La adecuación lingüística está plenamente conseguida, con un lenguaje culto pero comprensible, apropiado para un público lector amplio y medianamente informado.
