TEXTO 3: Redes sociales y estética artificial
Autor: Imma Monsó, La Vanguardia, 08/07/2021
La fiebre de remodelación corporal desencadenada por el imperio de la pantalla se expresa básicamente en dos tendencias que se retroalimentan: la cirugía estética y los filtros virtuales. Cada día estamos menos seguros de saber a quién pertenece una cara: Nicole Kidman nos recuerda solo vagamente a Nicole Kidman, Sharon Stone nos recuerda vagamente a Sharon Stone y lo mismo ocurre con Demi Moore. Pero a estas intervenciones más o menos fallidas (se supone que no querían parecer otras, sino ellas mismas con veinte años menos), a esta belleza filtrada e infiltrada, retocada y operada que, hasta ahora, perseguía principalmente un aspecto rejuvenecido, se une ahora una nueva tendencia propia de los jóvenes influencers.
Como es natural, los jóvenes no tienen interés en parecer jóvenes: tienen interés en parecer ciborgs. Para ello, acuden a técnicas quirúrgicas o de relleno y a los filtros fotográficos, que convergen todos en el mismo canon de belleza humanoide: piel lisa como de silicona, nariz muy pequeña, pómulos felinos y labios exuberantes. Te paseas por Instagram y te encuentras con cientos de instagramers clónicas. En este espacio, los filtros de la realidad virtual compiten con la remodelación real del bisturí o del relleno inyectado en una espiral de imitación de un nuevo canon, donde se persigue una belleza uniformizadora como de hamburguesería rápida, pensada para un amplio público que, supuestamente, es aficionado a ver cuerpos parecidos y rostros adocenados, y esa persecución de una belleza homogénea afecta no solo a los protagonistas sino a sus millones de seguidores.
Noruega ha aprobado estos días una ley por la que los instagramers y las marcas deberán indicar, con una etiqueta oficial (algo así como las fotografías de las lesiones cancerosas sobre las cajetillas de tabaco), que las imágenes que publican llevan filtro o han pasado por Photoshop, si es el caso. Me parece una medida saludable, en el sentido de que pretende preservar la salud mental de los influencers, de los influidos y de todos los que vivimos en un mundo que nos obliga a perder una cantidad inmunda de tiempo tratando de discernir si lo que vemos es falso o es real. Otra cosa es que llegue a ser una medida efectiva. Temo que, en un contexto digital que nos sobrepasa, intentar aplicar una ley como esta sea como tratar de apagar un incendio con el soplido de un bebé que está aprendiendo a soplar.
PÁRRAFO 5: RASGOS LINGÜÍSTICOS Y ESTILÍSTICOS MÁS RELEVANTES
En el plano morfosintáctico, destaca el uso predominante de la primera persona del plural e incluso del singular, lo que permite a la autora implicarse en el discurso y conectar con el lector desde una experiencia compartida (“nos recuerda”, “nos obliga”, “me parece…”). Esto genera una cercanía expresiva y contribuye a reforzar la dimensión subjetiva del texto. El modo verbal predominante es el indicativo, con algunas incursiones en el subjuntivo y estructuras modales que expresan duda o posibilidad (“temo que… sea…”), reflejando una actitud crítica pero moderada. Predominan las oraciones enunciativas, aunque se introducen algunas de carácter exclamativo o metafórico que intensifican el tono irónico del texto, como cuando compara la ley noruega con “el soplido de un bebé”.
En cuanto a la elaboración sintáctica, las oraciones son mayoritariamente compuestas y extensas, lo que permite desarrollar con profundidad las ideas. Se observan varias subordinadas explicativas, comparativas (“como de hamburguesería rápida”) y concesivas que introducen matices, y sirven para enfatizar el carácter reflexivo y crítico del texto.
En el nivel léxico-semántico, se aprecia un léxico rico, variado y expresivo, con presencia de un campo semántico relacionado con la estética artificial y la tecnología: “filtros”, “bisturí”, “relleno”, “Photoshop”, “instagramers”, “realidad virtual”, etc. Este vocabulario se entrelaza con un léxico valorativo de connotación crítica o irónica (“adocenados”, “una cantidad inmunda de tiempo”, “rostros clónicos”), lo que refuerza la función expresiva y da cuenta del posicionamiento claro de la autora ante el fenómeno que critica.
Además, hay un uso muy eficaz de figuras retóricas, entre las que destacan la hipérbole (“una cantidad inmunda de tiempo”), la metáfora (“hamburguesería rápida” como modelo estético), y la ironía, que permea todo el texto y permite una crítica más incisiva, pero también más inteligente y sugerente.
En cuanto a los elementos de cohesión textual, encontramos abundantes conectores que organizan el discurso: causales (“porque”, “para ello”), consecutivos (“por lo que”), adversativos (“pero”, “otra cosa es…”), y ejemplificadores (“como es natural”, “algo así como…”), que articulan los argumentos y contribuyen a una exposición clara, ordenada y coherente.
Finalmente, en el plano fónico-fonológico, aunque no sea un texto poético, puede observarse cierta musicalidad en las enumeraciones y repeticiones que refuerzan el ritmo discursivo (“filtrada e infiltrada, retocada y operada…”), mostrando voluntad de estilo.
